viernes, julio 07, 2006

Replay

Una habitación completamente blanca, sin mueble alguno. Es de noche, pero el resplandor del cielo entra a través de una ventana, a la derecha, delante de la cual una cortina de gasa blanca apenas se mueve cada tanto. Sobre un colchón, en el suelo, dos cuerpos indiscernibles. Miran, proyectada contra la pared del fondo, India Song de Marguerite Duras. La fuente de la imagen es una laptop conectada a un retroproyector, a un costado del lecho improvisado.
Cada tanto, las dos personas murmuran. Es imposible darse cuenta de qué sexo son, tan bajo y tan inexpresivamente susurran. Pero las dos voces tienen acentos diferentes. Si estuvieran hablando en español (lo que sería probable, pero no necesario) una de las personas tendría acento rioplatense (¿Buenos Aires? ¿Montevideo?) y la otra, cordobés
.


Voz 7:
--No la soporto
.

Voz 9:
--¿Qué cosa?

Voz 7:
--La idea de la India.

Pausa

Voz 9:
--Vine a la India a causa de India Song.

Voz 7:
--Hay que encontrar una manera de ver las cosas.

Pausa

Voz 9:
--Qué calor hace.

Voz 7:
--Insufrible, terrible. Ni siquiera tengo ganas de tocarte?

Voz 9:
--Mientras no me toques, mi carne permanecerá intacta.

Voz 7:
--¿Se sufre?

Voz 9:
--No, no se sufre. Es como una lepra del corazón.


Voz 7:
--¿Ella sabe que él la ama hasta la desesperación?

Voz 9:
--Ella lo sabe todo, hasta el final.

Pausa

Voz 7:
--Le falta color, a la película.

Voz 9:
--Mañana se lo podemos agregar. ¿Qué le pondrías?

Voz 7:
--Verdes, millones de tonos de verde. Al crepúsculo del comienzo le falta fuego? Naranjas, rojos. Y querría que el espejo tuviera verdadera profundidad.

Voz 9:
--¿Y la cámara?

Voz 9:
--La borramos con el photoshop.

Pausa

Voz 7:
--¿Qué es lo que más te gusta?

Voz 9:
--La embajadora, el agregado, el vicecónsul. La danza macabra de los funcionarios coloniales.

Voz 7:
--¿Cuál es mi mal?

Voz 9:
--La inteligencia

Voz 7:
--¿Y la belleza?

Voz 9:
--Tu maldición. La corrupción de la carne.

Pausa

Voz 9:
--El aire está tan quieto y denso.

Voz 7:
--El aire huele a barro, a lepra, y a fuego.

Voz 9:
--¿Por qué todos la aman?

Voz 7:
--Porque ella es cruel y dicen que ha vuelto de la muerte
.

Pausa

Voz 9:
--¿Y a vos, qué es lo que más te gusta?

Voz 7:
--Los mapas de los ríos, al final. La idea de fracaso, al comienzo. Y las voces que hablan entre ellas y no saben que son escuchadas.




"Replay", texto para la muestra de Alejandro Cesarco Marguerite Duras' India Song en la galería Art in general.
D. Link

Una traición mística


He aquí al idiota que recibía cartas
del extranjero


ÉLUARD


Hablo de una traición, hablo de un místico embaucar, de la pasión de la irrealidad y de la realidad de las cartas mortuorias, de los cuerpos en sudarios y de los retratos nupciales.
Nada prueba que no clavó agujas en mi imagen, hasta resulta extraño que yo no le haya enviado mi fotografía acompañada de agujas y de un manual de instrucciones. ¿Cómo empezó esta historia? Es lo que quiero indagar pero con voz solamente mía y eliminando todo designio poético. No poesía sino policía.


Como una madre que no quiere dejar irse de sí a su niño que ya está nacido, así su absorción silenciosa. Yo me arrojo en su silencio; yo, ebria de presentimientos mágicos acerca de una unión con el silencio.

Recuerdo. Una noche de gritos. Yo subía y no tenía posibilidad de arrepentirme; subía cada vez más alto sin saber si llegaría a un encuentro de fusión o si me quedaría toda la vida con la cabeza clavada en un poste. Era como tragar olas de silencio, mis labios se movían como debajo del agua, me ahogaba, era como si estuviera tragando silencio. En mí éramos yo y el silencio. Esa noche me arrojé desde la torre más alta. Y cuando estuvimos en lo alto de la ola, supe que eso era lo mío, y aun lo que he buscado en los poemas, en los cuadros, en la música, era un ser llevado a lo alto de la ola..
No sé cómo me abandoné, pero era como un poema genial: no podía ser escrito. ¿Y por qué no me quedé allí y no morir?. Era el sueño de la más alta muerte, el sueño de morir haciendo el poema en un espacio ceremonial donde palabras como amor, poesía y libertad eran actos en cuerpo vivo.


A esto pretende su silencio.

Crea un silencio en el que yo reconozca mi lugar de reposo cuando la prueba de fuego de su afección tuvo que haber sido mantenerme lejos del silencio, tuvo que haber sido vedarme el acceso a esa zona de silencio exterminador.

Comprendo, de nada sirve comprender, a nadie nunca le ha servido comprender, y sé que ahora necesito remontarme a la raíz de esa fascinación silenciosa, de esa oquedad que se abre para que yo entre, yo el holocausto, yo la víctima propiciatoria. Su persona es menos que un fantasma, que un nombre, que vacío. Alguien me bebe desde la otra orilla, alguien me succiona, me abandona exangüe. Estoy muriendo porque alguien ha creado un silencio para mí.

Fue un trabajo magistral, una infiltración retórica, una lenta invasión (tribu de palabras puras, hordas de discursos alados). Voy a intentar desenlazarme, pero no en silencio, pues el silencio es un lugar peligroso. Tengo que escribir mucho, que plasmar expresiones para que poco a poco se calle su silencio y entonces se borre su persona que no quiero amar, ni siquiera se trata de amor sino de fascinación imponderable y en consecuencia indecible (acercarme a la dura, a la blanda niebla de su persona lejana, pero hunde el cuchillo, desgarra, y un espacio circular hecho del silencio de tu poema, el poema que escribirás después, en el lugar de la masacre). No es más que un silencio, pero esta necesidad de enemigos reales y de amores mentales, ¿cómo la comprendió desde mis cartas? Un juego magistral.

Ahora mis pasos de loba ansiosa en derredor del círculo de luz donde deslizan la correspondencia. Sus cartas crean un segundo silencio más denso aun que el de sus ojos desde la ventana de su casa frente al puerto. El segundo silencio de sus cartas da lugar a un tercer silencio hecho de faltas de cartas. También hay el silencio que oscila entre el segundo y el tercero: cartas cifradas en las que dice para no decir. Toda la gama de los silencios en tanto de ese lado beben la sangre que siento perder de este lado.
No obstante, si no existiera esta correspondencia vampírica, me moriría de falta de una correspondencia así. Alguien que amé en otra vida, en ninguna vida, en todas las vidas. Alguien a quien amar desde mi lugar de reminiscencias, a quien ofrendarme, a quien sacrificarme como si con ello cumpliera una justa devolución o restableciera el equilibrio cósmico.


Su silencio es un útero, es la muerte. Una noche soñé una carta cubierta de sangre y heces; era en un páramo y la carta gemía como un gato. No. Voy a romper el hechizo. Voy a escribir como llora un niño, es decir: no llora porque esté triste sino que llora para informar, tranquilamente.

Alejandra Pizarnik
1966

sábado, mayo 27, 2006

Tratado de culinaria para mujeres tristes --H. Faciolince

Esa tendencia a traicionar, a mentir y ser perfectamente franca. A esconderte o a mostrarte mucho. Ese cuidado de cuidarte tanto para acabar narrando tu historia, tu verdad con pelos y señales a un desconocido. Esas ganas de huir, de salir corriendo cuando alguien muestra que empieza a conocerte, aunque no te reveles. Ese vértigo de quedarte. Esa indomable sed de alguien y de no estar con nadie. De envolver las caricias en palabras. Esas ganas de cambiar sin renunciar a nada. Esa hambre de imposibles. ¿Cómo pensar en esta confusión contradictoria? Es verdad y mentira, está bien y está mal y no hay salida.

Nada que hacer.

Tómate un vaso de agua.

Desgaste

Es recio haber gastado días, meses, años en defenderse sinsaber de quién. Recio no poder ver el rostro del que asedia.Recio ignorar lo que nos devasta.

Rafael Cadenas

Condición del amor

Un rostro frente a tus ojos que lo miran y por favor: que no haya mirar sin ver.

Cuando miras su rostro –por pasión, por necesidad, como la de respirar– sucede, y de esto te enteras mucho después, que ni siquiera lo miras. Pero si lo miraste, si lo bebiste como sólo puede y sabe una sedienta como tú. Ahora estás en la calle; te alejas invadida por un rostro que miraste sin cesar, pero de súbito, flotante y descreída, te detienes, pues vienes de preguntarte si has visto su rostro.

El combate con la desaparición es arduo. Buscas con urgencia en todas tus memorias, porque gracias a una simétrica repetición de experiencias sabes que si no lo recuerdas pocos instantes después de haberlo mirado este olvido significará los más desoladores días de búsqueda. Hasta que vuelvas a verlo frente al tuyo, y con renovada esperanza lo mires de nuevo, decidida, esta vez, a mirarlo en serio, de verdad, lo cual, y esto también lo sabes, te resulta imposible, pues es la condición del amor que le tienes."

Alejandra Pizarnik

viernes, mayo 26, 2006

Laura Devetach. De su libro Para que sepan de mí

¿Cómo vamos a vencer el dolor
si no es con la alegría?

Qué alegría
dirás.

Y yo
pondré esa cara que envidio a tanta gente
y me diré
y te diré
empecinada
y a la vez perpleja ante mí misma

pero vamos
no me vas a decir
que no existe la alegría.




Ante el dolor de los demás. S. Sontag

La compasión es una emoción inestable. Necesita traducirse en acciones o se marchita. La pregunta es qué hacer con las emociones que han despertado, con el saber que se ha comunicado. Si sentimos que no hay nada que nosotros podamos hacer pero ¿quién es ese nosotros? y nada que ellos puedan hacer tampoco y ¿quiénes son ellos?
entonces comenzamos a sentirnos aburridos, cínicos y apáticos.